¡VIVIR PARA VER! Una lectura analítica de un giro político inesperado.Por Eloy A. Gonzalez.

Eloy A. Gonzalez.-Seguir la políticaeguir la política no es una afición: para quienes crecimos en Cuba durante la Revolución, es casi una condición existencial. Pertenecemos a una generación que no eligió el escenario histórico en el que fue colocada, pero que lo vivió desde la infancia como un hecho total, envolvente, inevitable. A los diez años ya estábamos inmersos en un proceso que nos superaba y que, con el tiempo, se convirtió en el marco permanente de nuestra vida social, cultural y espiritual.
Décadas después, los acontecimientos recientes en Venezuela revelan hasta qué punto ese modelo se exportó, se adaptó y finalmente se fracturó.
Cuba y Venezuela: una relación de poder que se desnuda
La presencia cubana en Venezuela no es un secreto. Durante años, el aparato político y de seguridad de La Habana se incrustó en el chavismo-madurismo, convirtiendo al país sudamericano en una suerte de protectorado estratégico. Esa relación, sostenida por intereses mutuos y por la necesidad cubana de recursos, terminó configurando un entramado de dependencia política y militar.
La caída abrupta de Nicolás Maduro —extraído por fuerzas estadounidenses y trasladado a una cárcel en EE. UU.— marca un punto de inflexión. No solo por el hecho en sí, sino por la velocidad con que se reconfiguró el tablero. En cuestión de minutos, el escenario militar y político venezolano cambió de signo, dejando al descubierto la fragilidad de un sistema que parecía inamovible.
El nuevo actor central y el giro inesperado
La irrupción de Donald J. Trump como figura determinante en la transición venezolana introduce un elemento que pocos habrían anticipado. Su presencia redefine prioridades, establece nuevas reglas y desplaza de golpe la narrativa socialista que durante años intentó consolidarse mediante controles económicos, confiscaciones y políticas de corte estatista.
Lo sorprendente no es solo el cambio, sino la forma en que se produce:
sin invasión, sin golpe de Estado, sin el guion clásico de las transiciones forzadas.
Venezuela pasa, casi de la noche a la mañana, de ser un laboratorio del socialismo del siglo XXI a convertirse en un espacio donde se ensayan medidas de mercado, apertura mediática y reformas institucionales. Y lo más paradójico: quienes hasta ayer administraban una dictadura ahora se ven obligados a gestionar —bajo presión— una transición hacia el capitalismo y el respeto a los derechos humanos.
Las implicaciones para Cuba
Este giro tiene un eco inevitable en La Habana. La caída del aliado más importante del régimen cubano no es solo un golpe económico: es un golpe simbólico, estratégico y psicológico. La posibilidad de que la atención internacional —y particularmente estadounidense— se desplace ahora hacia Cuba abre un escenario incierto.
¿Se avecina un cambio similar?
¿Se reconfigura el mapa político del Caribe?
¿Se agota finalmente el modelo que ha sostenido al régimen durante más de seis décadas?
No hay respuestas definitivas, pero sí una sensación clara: algo se mueve, y lo hace con una velocidad que descoloca incluso a quienes hemos visto de todo.
Epílogo dominical
Hoy es domingo.
Mientras unos celebran, otros se inquietan y muchos observan en silencio, la realidad sigue su curso. En Cuba se insiste en construir el socialismo; en Estados Unidos, el capitalismo sigue su marcha; y en Venezuela, ambos modelos chocan en un mismo territorio.
Y como siempre, la vida nos recuerda que la política tiene un talento especial para sorprendernos. Vivir para ver.
eloy_gnzlz@yahoo.com. Publicado en??????
Para quienes quieran añadir un toque musical a esta reflexión, dejo el videoclip que circula en redes:👇
MADURO GUANTANAMERO - VIDEOCLIP de la DETENCIÓN con Trump (Guantanamera) | La Fabrica de Musica
La sociedad cubana de entonces —y en buena medida la de hoy— sabía perfectamente lo que significaba la instauración de una dictadura. No era un fenómeno desconocido. Sin embargo, muchos preferimos creer que dentro de aquel proyecto avasallador existía un margen para la sobrevivencia ética, para la fe, para el testimonio personal. Esa ilusión convivió con una realidad más dura: la imposición de una ideología cerrada, la eliminación del discernimiento y la reducción de la política a un catecismo obligatorio.
Décadas después, los acontecimientos recientes en Venezuela revelan hasta qué punto ese modelo se exportó, se adaptó y finalmente se fracturó.
Cuba y Venezuela: una relación de poder que se desnuda
La presencia cubana en Venezuela no es un secreto. Durante años, el aparato político y de seguridad de La Habana se incrustó en el chavismo-madurismo, convirtiendo al país sudamericano en una suerte de protectorado estratégico. Esa relación, sostenida por intereses mutuos y por la necesidad cubana de recursos, terminó configurando un entramado de dependencia política y militar.
La caída abrupta de Nicolás Maduro —extraído por fuerzas estadounidenses y trasladado a una cárcel en EE. UU.— marca un punto de inflexión. No solo por el hecho en sí, sino por la velocidad con que se reconfiguró el tablero. En cuestión de minutos, el escenario militar y político venezolano cambió de signo, dejando al descubierto la fragilidad de un sistema que parecía inamovible.
El nuevo actor central y el giro inesperado
La irrupción de Donald J. Trump como figura determinante en la transición venezolana introduce un elemento que pocos habrían anticipado. Su presencia redefine prioridades, establece nuevas reglas y desplaza de golpe la narrativa socialista que durante años intentó consolidarse mediante controles económicos, confiscaciones y políticas de corte estatista.
Lo sorprendente no es solo el cambio, sino la forma en que se produce:
sin invasión, sin golpe de Estado, sin el guion clásico de las transiciones forzadas.
Venezuela pasa, casi de la noche a la mañana, de ser un laboratorio del socialismo del siglo XXI a convertirse en un espacio donde se ensayan medidas de mercado, apertura mediática y reformas institucionales. Y lo más paradójico: quienes hasta ayer administraban una dictadura ahora se ven obligados a gestionar —bajo presión— una transición hacia el capitalismo y el respeto a los derechos humanos.
Las implicaciones para Cuba
Este giro tiene un eco inevitable en La Habana. La caída del aliado más importante del régimen cubano no es solo un golpe económico: es un golpe simbólico, estratégico y psicológico. La posibilidad de que la atención internacional —y particularmente estadounidense— se desplace ahora hacia Cuba abre un escenario incierto.
¿Se avecina un cambio similar?
¿Se reconfigura el mapa político del Caribe?
¿Se agota finalmente el modelo que ha sostenido al régimen durante más de seis décadas?
No hay respuestas definitivas, pero sí una sensación clara: algo se mueve, y lo hace con una velocidad que descoloca incluso a quienes hemos visto de todo.
Epílogo dominical
Hoy es domingo.
Mientras unos celebran, otros se inquietan y muchos observan en silencio, la realidad sigue su curso. En Cuba se insiste en construir el socialismo; en Estados Unidos, el capitalismo sigue su marcha; y en Venezuela, ambos modelos chocan en un mismo territorio.
Y como siempre, la vida nos recuerda que la política tiene un talento especial para sorprendernos. Vivir para ver.
eloy_gnzlz@yahoo.com. Publicado en??????Para quienes quieran añadir un toque musical a esta reflexión, dejo el videoclip que circula en redes:👇
MADURO GUANTANAMERO - VIDEOCLIP de la DETENCIÓN con Trump (Guantanamera) | La Fabrica de Musica





















