Video DDC: José Manuel González Rubines: La 'descastrificación', un proceso imprescindible para la transición en Cuba.Un proceso similar a la desnazificación podría servir de guía. Diario de Cuba.
La 'descastrificación', un proceso imprescindible para la transición en Cuba
Diario de Cuba
21 de julio de 2026
Diario de Cuba
21 de julio de 2026
Un proceso similar a la desnazificación podría servir de guía para evitar que el autoritarismo perdure tras la caída del régimen en Cuba.
La caída del castrismo no bastará para desmontar casi siete décadas de autoritarismo. Para el analista político José Manuel González Rubines, la liberación inmediata e incondicional de los presos políticos es el punto de partida innegociable de cualquier proceso postdictadura. Pero advierte que el verdadero desafío comenzará después, durante la transición hacia la democracia.
Según el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (International IDEA), un Gobierno de transición es una administración temporal que, por lo general, no surge de elecciones, sino de acuerdos políticos o nuevos marcos jurídicos, con el objetivo de conducir al país hacia un orden democrático y organizar elecciones libres que permitan transferir el poder a un gobierno electo.
Durante una entrevista concedida a DIARIO DE CUBA en el III Foro DDC: "Para la Cuba de mañana", celebrado en Madrid el 1 y 2 de junio, Rubines respondió a tres preguntas clave: cuales serían las primeras medidas para impedir una nueva deriva autoritaria, quiénes pueden impulsar una transición democrática efectiva en Cuba y si debería existir una "desizquierdización", o sea, excluir a la izquierda de liderar un eventual Gobierno de transición por considerar que muchos cubanos identifican esa corriente con la actual dictadura.
A su juicio, el proceso no puede reducirse al reemplazo de un Gobierno, la aprobación de nuevas leyes o la adopción de otra Constitución. "Pasar del autoritarismo a la democracia no es una cosa que se resuelva con un par de medidas", afirmó.
Uno de los principales riesgos, advirtió, es caer en el "fetichismo constitucional": creer que una nueva Carta Magna resolverá por sí sola los problemas acumulados tras décadas de dictadura. Para ilustrarlo, sostuvo que "hay personas que son Fidel en Madrid, hay personas que son Fidel en Miami... e incluso hay personas que son Fidel dentro de las filas de la oposición al régimen".
Frente a ese legado, Rubines propone un proceso de "descastrificación", comparable a la desnazificación alemana, basado en la recuperación de la memoria histórica y en un debate honesto sobre el pasado. El castrismo, argumenta, operó como un "proyecto antropológico" destinado a moldear conductas y relaciones sociales. "Del mismo modo que el autoritarismo en Cuba no se construyó ni en una asamblea ni en un tribunal, el autoritarismo en Cuba no se va a desmontar ni en una asamblea ni en un tribunal", señaló.
Esa reconstrucción, añadió, debe involucrar tanto a quienes permanecen en la Isla como a la diáspora. Definió a Cuba como una "nación diaspórica" y defendió que "el actor más capacitado y el que, además, debe protagonizar la transición a la democracia es uno solo: el pueblo de Cuba". Al mismo tiempo, rechazó sustituir un monopolio político por otro. "Nosotros, de lo que debemos curarnos, y curarnos con leyes, es de cualquier postura política que pretenda ser única", afirmó. Aunque defendió el pluralismo, consideró que los partidos que reivindiquen la continuidad del castrismo no deberían formar parte del nuevo sistema político.
Rubines considera que el legado del castrismo seguirá presente durante años como un "fantasma que recorrerá La Habana durante mucho tiempo". Desmontarlo, concluyó, exigirá mucho más que un cambio de gobierno o la celebración de elecciones: requerirá transformar una cultura política arraigada durante casi siete décadas de dictadura.





















