La estrategia de James Cason en La Habana: "Mi misión era ayudar a los cubanos". Por Jany González y Mayle González Mirabal. RTV Martí.
La estrategia de James Cason en La Habana: “Mi misión era ayudar a los cubanos”
Por Jany González y Mayle González Mirabal
13 de agosto de 2026

James Cason se caracterizó por una política muy activa de apoyo a la sociedad civil independiente cubana
El diplomático de EEUU detrás del “Cabo Cason” rememora su tiempo frente a la Sección de Intereses en La Habana, su pulso con Fidel Castro y su estrategia para ayudar al pueblo cubano.
Más de dos décadas después de dejar La Habana, James C. “Jim” Cason todavía recuerda las escenas con precisión: una Estatua de la Libertad de nueve metros de altura, el número 75 encendido en su antorcha, miles de radios de onda corta distribuidos entre cubanos y una caricatura creada para ridiculizarlo que terminó convertida en una bandera colocada en su automóvil.
Cason, quien dirigió la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba entre 2002 y 2005, convirtió durante aquellos años una misión diplomática marcada por las restricciones en un escenario de confrontación pública con el gobierno de Fidel Castro, en un punto de contacto con opositores, periodistas independientes y ciudadanos que buscaban información fuera de los canales oficiales.
“En el Departamento de Estado me decían: ‘Tú no vas a ir a una misión, tú vas a estar en una misión’”, recordó Cason en entrevista con Martí Noticias.
Su objetivo, explicó, era “ayudar a los cubanos a dar su punto de vista al mundo y también a recibir información no filtrada sobre lo que estaba pasando”.
A su llegada a La Habana, el régimen le dejó claro desde el comienzo cuál sería su política. “Me dijeron que no me iban a permitir hablar con nadie del gobierno salvo uno”, relató. “Yo dije que quería, por ejemplo, hablar con el historiador de la ciudad o el encargado de recolectar la basura. ‘No, no, no se puede’”.
Cason respondió buscando interlocutores fuera del gobierno.
“El primer día me reuní con todos los opositores allá, con Oscar Elías Biscet, con Martha Beatriz Roque... Les expliqué que yo iba a estar ahí tres años y que ellos debían decirme de qué manera podía ayudarlos a participar en el futuro de su país. Entonces escuché lo que ellos decían y lo hice”.
Uno de los principales desafíos, aseguró, era lograr que la prensa internacional mantuviera la atención sobre los presos políticos y la oposición cubana.
“En la prensa me decían cuando yo llegué, que eran noticias viejas el hecho de que hubiera presos políticos”, recordó. “Lo que necesitamos es algo que pueda interesar al público”.
Cason decidió entonces recurrir a imágenes que pudieran ser fotografiadas y filmadas. Para una celebración del 4 de julio llevó a su residencia una Estatua de la Libertad de unos 30 pies de altura. En la llama aparecía el número 75, en referencia a los disidentes encarcelados durante la Primavera Negra de 2003.
“Yo hice un brindis: ‘Que la luz de la libertad ilumine el futuro del pueblo de Cuba’”, contó. Cuando quedó expuesta la estatua, comenzaron las preguntas.
“Todo el mundo empezaba a decir: ‘¿Qué quiere decir 75?’. Ah, gracias por preguntar. Son los presos políticos. ¿Por qué ustedes, los periodistas, no están hablando de los presos políticos?”, rememoró.
La misma estrategia la trasladó posteriormente a las decoraciones navideñas de la Sección de Intereses. Cason llenó el edificio con Santa Claus, figuras y luces, e incluyó nuevamente el número 75.
“Empezaron a llegar miles de personas a ver cómo era Navidad antes de la Revolución”, dijo. Inmediatamente las autoridades exigieron retirar las decoraciones. Cason dejó los adornos hasta mediados de enero.
Internet, libros y 35.000 radios
En una Cuba donde el acceso a internet era excepcional, la sede estadounidense instaló 24 computadoras para permitir conexiones sin los controles habituales del régimen.
“Cualquier persona que quería tener acceso libre” podía usarlas, dijo Cason, aunque reconoció que buena parte de sus usuarios eran opositores.
“Querían mandar noticias de sus esposos o esposas a un congresista o a un grupo de derechos humanos en Europa. Entonces esa era una manera en que podían hacerlo”.
Cason recordó haber convertido libros prohibidos en ediciones pequeñas que podían ser llevadas discretamente. “En la sección consular había un muro lleno. Cuando las personas entraban, les decíamos: ‘Pueden llevar cualquier libro que quieran’”.
Había además ejemplares de periódicos de Miami y otros materiales. “Se sentaban para la entrevista de visa, leían el diario y decían: ‘Ah, mira, están criticando al presidente’”, recordó.
Otro instrumento fueron los radios de onda corta. “Yo regalé 35.000 radios de onda corta”, dijo. “Iban por todas partes del país y ahí tenían su radio en la noche escuchando”.
Cason también visitaba a opositores en sus viviendas y viajaba por distintas provincias. Durante los trayectos recuerda que aprovechaba incluso para conversar con desconocidos.
“Cuando las personas estaban haciendo botella, yo paraba e invitaba a una persona a entrar en el carro y discutíamos qué estaba pasando en el país”.
Una campaña del régimen en su contra
La confrontación con el gobierno cubano alcanzó uno de sus episodios más conocidos cuando la televisión estatal emitió una serie animada que lo representaba como el “Cabo Cason”.
“Cosas y casos del Cabo Cason se llamaba”, recordó.
En lugar de evitar la caricatura, Cason decidió apropiarse de ella. “Yo saqué fotos de los dibujos, hice una bandera y la puse en mi carro”.
De esa forma recorría La Habana con la imagen creada por el propio gobierno para atacarlo. “Cuando pasábamos por el Malecón todo el mundo decía: ‘¡Cabo, Cabo!’”, recordó.
También usó camisetas con frases que Fidel Castro empleaba contra él. “Cada vez que Fidel decía algo contra mí, yo lo ponía en un T-shirt”, dijo.
Nunca llegó a reunirse con Castro. “Jamás”, respondió al preguntarle si ambos llegaron a tener algún encuentro. "Él no fue elegido".
Mientras diplomáticos rusos, chinos y de otros países participaban en actividades oficiales, él aparecía con guayabera y símbolos alusivos al personaje del “Cabo Cason”.
Cuando las autoridades limitaron sus contactos oficiales, Cason decidió utilizar la fachada de la Sección de Intereses para enviar mensajes directamente al pueblo cubano.
“Dado que el gobierno me dijo que no podía hablar con ellos, yo dije: ‘Bueno, entonces voy a hablar directamente al pueblo de Cuba y sobre las cabezas del régimen’”.
Instaló un sistema electrónico visible desde el exterior en el que aparecían mensajes y artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Entre ellos recuerda uno que preguntaba a los cubanos por qué los extranjeros podían hospedarse en determinados hoteles y ellos no.
“Cada día otro artículo de la Declaración Internacional de Derechos Humanos, cosas así”, relató.
La respuesta cubana fue instalar una serie de banderas negras frente al edificio para bloquear la visión de los mensajes. Cason sostuvo que la experiencia le confirmó el valor que podía tener una imagen en una sociedad donde el acceso independiente a la información era limitado.
Una cápsula que espera desde hace 20 años
Antes de abandonar Cuba, Cason organizó otra ceremonia en su residencia. Invitó a opositores a escribir mensajes y colocar objetos dentro de una cápsula de tiempo que, deberá abrirse cuando Cuba logre la libertad.
“Invité a todos los disidentes a escribir un mensaje, ponerlo adentro con un objeto que iba a ser abierto cuando Cuba fuera libre”, dijo.
Los mensajes eran privados. “Era una fila de todos poniendo sus cosas". El cofre permanece en la residencia diplomática estadounidense, dentro de un monumento dedicado a los cubanos que “han luchado y sufrido para restaurar la democracia en Cuba”.
Él también dejó un mensaje. “Algún día lo van a abrir y van a tener las voces de los que han hecho lo posible por el cambio en Cuba”.
“El cambio va a venir desde adentro”
Cason considera que cualquier transformación política dependerá principalmente de dinámicas internas y menciona, en particular, a sectores de las Fuerzas Armadas y generaciones más jóvenes de funcionarios.
“Yo creo que el cambio va a venir de los militares. No del Partido Comunista”, dijo.
Según su análisis, oficiales de rango medio con experiencia empresarial podrían concluir que su futuro económico depende de un modelo diferente. “Va a ser una lucha generacional, creo”, señaló.
“La presión de nosotros ahora está obligando al gobierno a hacer cambios. No sabemos hasta dónde van a llegar esos cambios, pero todo el mundo sabe que [el régimen] no funciona”, agregó.
Cason, que posteriormente mantuvo vínculos con organizaciones dedicadas a la situación cubana, asegura que su paso por La Habana ocupó un lugar distinto dentro de una carrera diplomática desarrollada en más de una decena de países.
“Era un privilegio estar en Cuba en aquel tiempo para ayudar a personas que realmente estaban luchando, sufriendo... Era muy difícil, pero también me gustó mucho interactuar con los cubanos”.
Más de 20 años después, sigue observando la actividad de la representación estadounidense en La Habana. Sobre el actual jefe de misión, Mike Hammer, Cason dijo haber conversado con él antes de su llegada a Cuba y haberle recomendado mantener un contacto directo con la gente.
“Le dije: ‘Si quieres tener éxito allá, tienes que emular lo que yo hice’”.
A la pregunta sobre qué piensa ahora del trabajo de Hammer, respondió: “Súper. Estoy muy feliz con lo que está haciendo”.





















