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La crisis del agua en Cuba: 'Estamos ante un grave problema de derechos humanos'
Diario de Cuba
8 de septiembre de 2026



La periodista Annarella Grimal y la abogada Maylin Fernández Suris analizan un problema que afecta a millones de cubanos y que va mucho más allá de los apagones y las averías.

Tener una vivienda conectada a un acueducto no significa tener agua. Esa es una de las claves para entender la distancia entre las estadísticas sobre cobertura y lo que viven diariamente millones de cubanos, según explicó la periodista Annarella Grimal en el programa Los Puntos a Las Íes, de DIARIO DE CUBA.

"Hoy existe una brecha sustancial entre la cobertura que reflejan las estadísticas oficiales y la disponibilidad real del agua", aseguró Grimal, autora de la investigación "El agua en Cuba no es un derecho humano".

Más de 3,1 millones de cubanos, aproximadamente el 30% de la población, enfrentan cortes totales o parciales del suministro, según cifras reconocidas por las propias autoridades. Al aplicar criterios que tienen en cuenta no solo la existencia de una infraestructura, sino también la disponibilidad y la seguridad del agua, la cobertura efectiva se reduce a alrededor del 61%.

"Tener una tubería o una conexión no equivale a tener garantizado el acceso continuo y seguro al agua", señaló Grimal.

La abogada Maylin Fernández recordó que la propia Constitución cubana reconoce en su Artículo 76 el derecho al agua y obliga al Estado a crear las condiciones para garantizar su acceso y saneamiento.

"No todo corte es una violación en sí", precisó. Sin embargo, "cuando millones de personas padecen cortes continuados e interrupciones prolongadas, como ocurre en el caso cubano, y el Estado no adopta las medidas para revertir esa situación y garantizar el acceso a un mínimo indispensable, sí existen fundamentos suficientes para considerar comprometido el derecho humano al agua".

Los apagones, la sequía y las averías contribuyen al deterioro del servicio, pero actúan sobre una infraestructura que arrastra décadas de insuficiente mantenimiento e inversión. Las propias autoridades han reconocido que más del 40% del agua bombeada se pierde a través de conductoras y redes deterioradas.

Durante la última década, además, las prioridades de inversión del Estado estuvieron lejos de los servicios básicos. Entre 2014 y 2024, las categorías fundamentalmente asociadas al turismo recibieron cada año entre dos y cinco veces más recursos que el suministro de electricidad, gas y agua. Entre 2020 y junio de 2024, esas actividades relacionadas con el turismo concentraron como promedio el 38,9% de la inversión del país, frente al 9,4% destinado a los tres servicios básicos mencionados.

"Durante años, el problema no fue únicamente la falta de recursos, sino cómo se distribuyeron" los existentes, afirmó Grimal.

La falta de agua repercute además sobre la higiene, la alimentación y la salud, especialmente en familias con niños, ancianos, enfermos o personas con discapacidad.

Para Fernández, el problema adquiere además una dimensión política cuando los cubanos se ven obligados a protestar para reclamar servicios esenciales.

"Cuando una población tiene que ocupar el espacio público para reivindicar derechos tan básicos como la electricidad, los alimentos o el agua, el conflicto deja de limitarse a una simple avería o a un problema administrativo", señaló.

"La crisis del agua en Cuba ya no podemos seguir mirándola como un problema de tuberías, de averías, de infraestructura, de bombas o de falta de electricidad", concluyó. "Cuando esa carencia de agua se vuelve sostenida y estructural, como es el caso de Cuba, estamos ante un grave problema de derechos humanos".


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